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Los demonios de Yerma

Yerma, la inhabitada, la incultivada, la deseante desesperada…

El deseo y el apego son fuentes de sufrimiento. Las enseñanzas del Origen Dependiente destiladas en el Budismo indican la necesidad de liberarse del sufrimiento comprendiéndolo, acogiéndolo… no luchando para que se marche, no negándolo ni taponándolo para no verlo…

Yerma deambula de patrón en patrón con un rígido mapa trazado por un imposible deseo: ser madre. El resto de personajes que cruzan su vida… estériles fantasmas que en ella habitan.

Ojos que ven, corazón que siente.

 Nos acercamos a Yerma encontrando un ejemplo de dramaturgia caótica, una ruta de sucesos que conducen irreversiblemente a la explosión caótica, a la tragedia.

Influidos por la tradición escénica de Grotowsky, Artaud, Barba, etc. y la psicología del Caos, y tomando de referencia la salvaje historia lorquiana de Yerma, investigamos cómo la programación de la herencia conduce a la perpetuación de la sombra, a un sufrimiento recurrente, fluctuante.

Lo que acontece en Yerma ha acontecido ahora y siempre: la crisis sin bifurcación, la permanencia en el deseo imposible y la impotencia recorren la historia de lo humano.

Lo estéril es sinónimo de lo estanco, lo que fluctúa por circuitos dañinos y recurrentes sin resquicios, sin posibilidad de resolución, conduce al individuo a una angustia con apariencia de eternidad. El drama de Yerma es el drama del individuo contemporáneo necesitado de fecundación, de evolución… de nutrientes necesarios para mantenerse en el proceso de maduración, y no quedar fuera de la vida, contando el pasar de los días hasta el último minuto en la Tierra, abismado en el sin sentido.

Nos encontramos en pleno proceso de investigación, en periodo de ensayos, en los que nos sumergimos en la materia emotiva, visceral, de la realidad del personaje de Yerma. La danza, el canto, la honestidad de las expresiones emocionales, los procesos de inestabilidad hasta llegar al umbral son los campos abiertos en los que vamos descubriendo la dramaturgia.

Trazamos un puente entre el vía crucis de Yerma y lo que el budismo nos aporta respecto a la comprensión del sufrimiento como camino de resolución. Desde esta perspectiva definimos que todos los personajes de la obra son proyecciones de la misma Yerma, personajes materializados que en ella misma habitan… demonios. Así, estos personajes, mantendrían a Yerma dentro de una coraza, un caparazón que comienza a resquebrajarse debido a la necesidad evolutiva del ser.

 En “Los demonios de Yerma” trabajamos con dinámicas procedentes de la tradición escénica y de la psicología contemporánea. Los intérpretes realizan una inmersión en el “núcleo atractor” de los personajes, en el patrón principal que determina la toma de decisiones. Esto supone la utilización de procesos autoperceptivos, el trabajo en estados no ordinarios de consciencia, los movimientos involuntarios, la danza irreversible y espontánea, la encarnación de arquetipos como el de la esterilidad, el fracaso, etc.

El trabajo de la voz parte de la influencia de Artaud en el vínculo que establece entre voz y fluctuación anímica. La expresión de la voz implica una consciencia previa del órgano que se expresa, a partir de ahí facilitar la vía, la transmisión de aquella región del cuerpo en la que el personaje concentra un patrón.

El trabajo en torno al movimiento supone una búsqueda del sentido. Nada es arbitrario, ningún movimiento es en vano. La danza pierde honestidad en la medida que se amolda a formas ajenas, en la medida que está desvinculada del territorio y reproduce mapas sin explorar.

La dramaturgia se construye sobre escena, a favor del proceso caótico en el que el cauce, sensibilidad-inestabilidad-bifurcación, permite acoger los sucesos que irreversiblemente conducen a la explosión de Yerma, como intento último de resolución de una crisis emergente. Los cantos, las nanas, el verso incendiado de Lorca son prioritarios en nuestro planteamiento, descartando referencias que ubican la pieza en un tiempo concreto, en busca de un carácter simbólico, de una cercana atemporalidad. 

 

Ficha Artística

Dirección escénica: Fátima Cué
Adaptación dramatúrgica: Antonio Ramírez
Intérpretes: Almudena Rubiato y Enrique Coslado
Escenografía: Miguel Elustondo Ferre
Iluminación: Sergio García
Música: Desiderio Sánchez
Vestuario: Itziar Bocalandro
Utilería: Joseba Ibarra
Fotografía: Juan D. Cortés
Texto: Federico García Lorca
Duración: 70 min.

Presentaciones

2016 

Nave 73, Madrid. Ciclo Imparables.
10/Julio/20h.

La Usina, Madrid
6, 13 y 20/Marzo/21:00h.

 

 

 

 

 

//Este proyecto recibió la ayuda de La Nave del Duende, Cáceres, a través de una residencia artística.//

** Crítica de Julio Castro en La República Cultural**

Desde el desarrollo escénico y desde la formas de sus protagonistas, logran un análisis que define el perfil psicológico de Yerma, dividida entre lo que desea y la necesidad de ser, pero también el de dos épocas distantes que tienden un hilo entre dos puntos de la historia.